'Y fui. Y fuimos. Y seremos. Fugaces.'  
 




Las luces de aquella calle se movían, pasaban y pasaban, casi volaban, montaban un espectáculo digno de ser admirado, sin embargo.

Ella. Con la camiseta que siempre se pone los días de resaca. Una taza de café en una mano. El corazón en la otra. Convirtiendo en algo puro, en arte, lo que hacia que su mundo girara a pesar del dolor de cabeza y las agujetas en el cerebro de pensar más de la cuenta.

Sus manos acariciaban la helada barandilla que la separaban de un salto al vacío que le proporcionaría una sensación parecida a la que tiene cuando recuerda tus ojos.

No creas que juega a sentirse una víctima, cómo no vengas a salvarla acabará saltando al vacío.

Y no, no sé si hablo literalmente todavía.

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